Hoy se  ha presentado en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid una propuesta de protección jurídica a las profesionales que trabajan en los recursos de la red de violencia. Debemos mostrarnos orgullosas de esta iniciativa que por fin pone el foco en las que día tras día, se dejan no sólo horas de trabajo sino mucho más en acompañar a las mujeres y a sus hijos e hijas en esos procesos de recuperación. Procesos que en los casos de mujeres con hijos e hijas se mantienen aunque se haya roto la relación con el agresor, puesto que raras veces se cuestiona el ejercicio de la paternidad en estos casos.

La protección y el reconocimiento de las profesionales de este sector se hace más necesario en estos casos no solo por la carga que supone, sino por la labor imprescindible que hacen como sostén emocional que permite a las mujeres y a sus hijos e hijas recuperarse de las secuelas vividas y romper con el círculo de la violencia. Sin embargo pocas veces es reconocido. Como pocas veces se reconoce y se tiene en cuenta las dificultades a las que se enfrentan en el ejercicio de su profesión y el impacto que tiene en sus vidas el trabajar día a día con la violencia.

Damos unas breves pinceladas:

Cuando se trabaja con la violencia, las profesionales que acompañan se convierten en depositarias de historias dolorosas. Esta exposición al sufrimiento de manera continuada se puede producir entre otras cosas lo que se llama “traumatización vicaria” que lleva a que en muchas ocasiones tengan los mismos síntomas que las que han sufrido la situación dramática de manera directa. Todo esto afecta no sólo a su desempeño profesional sino a su vida personal.

Además se suma en estos casos la impotencia y la frustración de no poder hacer nada en muchas ocasiones puesto que se enfrentan a la incapacidad del estado y otros agentes implicados de dar respuesta. Se convierten por tanto en depositarias del sufrimiento y se las carga con la responsabilidad de dar solución y sin la posibilidad de contar con el apoyo institucional necesario para hacerlo. De alguna manera estas trabajadoras se convierten en el paraguas de las fallas del sistema y asumen, aunque no sea de su competencia, acciones a las que deberían dar respuesta otros agentes.

A todo esto se producen múltiples situaciones de riesgo ante el agresor que incluyen denuncias y amenazas cuando se realiza algún acompañamiento o incluso en el mismo puesto de trabajo. Además de la indefensión jurídica que se produce cuando se presentan informes en los juzgados. Se las cuestiona en casi todos los ámbitos como pocas veces se hace con otra profesión, a pesar de exigirles una valía profesional que no es exige en otros trabajos mejor reconocidos socialmente y mejor remunerados.

Por eso la importancia de cuidar a las que cuidan. Medidas como la proposición de apoyo jurídico a las trabajadoras nos parece un buen inicio para empezar a reconocer la labor de estas profesionales y para que les ayude a seguir realizando esa labor tan valiosa. Se hace, además, importante tomar estas medidas y más después del caso de Juana Rivas y la denuncia a las profesionales que la acompañaron por el mero hecho de hacer su trabajo, poniendo así en cuestión su valía profesional y dando un “aviso a navegantes” para que el resto de trabajadoras se cuiden muy y mucho de apoyar estos procesos cuando no hacen más que dejarse la piel en acompañar a las mujeres y a sus hijos e hijas.

 

Ahora Feminismos