Madrid, en su compromiso por luchar contra el cambio climático toma una medida histórica en nuestra ciudad que nos hace avanzar en sostenibilidad y compromiso medioambiental. El Ayuntamiento de Madrid, en todos sus edificios municipales, desde escuelas infantiles, bibliotecas, centros culturales o parques de bomberos, comenzará a usar energía limpia.

Hasta 2016 la comercializadora vendía la electricidad al ayuntamiento de Madrid sin discriminar la procedencia de la misma; con el tipo de contrato que había no conocíamos el origen de la electricidad consumida. Dicha procedencia podría ser desde una central nuclear a una central térmica o quizá, pero improbable, de energías renovables. Con el contrato que entra en vigor el 1 de enero, nos aseguramos que la energía procede de las llamadas energías renovables al 100 por 100: eólica, hidráulica o solar.

 

¿Cómo ayuda esto a reducir las emisiones de efecto invernadero?

 

Si alguno o alguna de vosotras está pensando que tras los picos de contaminación alcanzados estos días en Madrid esto será una medida que ayudará a reducir la boina, hay que decir que no. La generación de energía eléctrica proveniente de fuentes no renovables, como las centrales nucleares o las centrales térmicas que usan materias primas de origen fósil se sitúan fuera de Madrid y por tanto, no producen de forma directa la boina de contaminación. Pero el nuevo contrato es una apuesta por cambiar el modelo y de solidaridad con los lugares (y las personas) donde se produce la electricidad contaminante y que son quienes sufren los efectos del consumo excesivo de las grandes ciudades.

Por lo tanto, sí que influye en la reducción de emisiones con efecto invernadero y otros contaminantes. Algo muy importante ya que como demuestra el consenso de la comunidad científica sobre el tema, el cambio climático tiene graves consecuencias para el funcionamiento de los ecosistemas y para la salud y continuidad de los seres humanos como especie.

Con esta medida, Madrid utiliza el poder que tenemos como consumidores y consumidoras para producir cambios en nuestros hábitos impulsando el beneficio social que conlleva la apuesta por las energías renovables. Como consumidores podemos apostar por comercializadoras que ofrezcan “Garantías de Origen” renovables, cuya emisión está controlada por la Comisión Nacional de Energía. Con ello animamos a que tanto las comercializadoras como las empresas que generan energía inviertan en renovables, porque estamos aumentando la demanda y exigencia de las mismas. Favorecemos, por tanto, la reducción de centrales de electricidad contaminante.

Algunos datos que nos pueden ayudar un poco a entender por qué estos cambios son necesarios: 2015 fue récord en España en la quema de carbón. Pero en 2016 la  generación de electricidad con esta fuente cayó un 30,6%. Esto hizo que las emisiones de CO2 del sector eléctrico bajaran un 21% al cierre de noviembre. La correlación directa entre el descenso de consumo de materias primas de origen fósil con la reducción de CO2 es tan evidente que resulta obvio que debemos profundizar en un cambio de modelo energético.

Una vez más se demuestra que si las decisiones políticas y de gestión sitúan a las personas en el centro frente a intereses meramente empresariales es posible impulsar cambios que favorezcan a la sociedad en su conjunto.