El episodio de alta contaminación que estamos viviendo estos días va camino, si no lo es ya, de convertirse en el más largo desde que está vigente el protocolo de actuación para episodios de alta contaminación. Son ya más de siete días con altos niveles de contaminación en los que se ha rozado la aplicación del escenario 3.

 

Durante la próxima revisión del protocolo para episodios de alta contaminación que se hará el primer trimestre de 2018 se buscarán soluciones para hacerlo más eficaz en la protección de la salud de la población al tiempo que se mantiene el compromiso de avisar con antelación de las restricciones. Algunas de las soluciones pueden ser tratar de adelantar aún más las medidas o que la acumulación de días en un escenario de lugar a la aplicación del siguiente, especialmente si se mantiene la climatología particularmente desfavorable que estamos teniendo este año, con un otoño muy seco y con gran estabilidad atmosférica.

 

Actuar contra la contaminación, una tarea ineludible

En cualquier caso, desde la primera activación del protocolo a esta parte hemos avanzado mucho en la operativa, pero también en el debate público. A día de hoy ya no se cuestiona la prioridad que supone combatir la contaminación, tanto a medio y largo plazo con medidas estructurales (como las que recoge el Plan A) o de actuar cuando la concentración de contaminantes se dispara.

Una vez hemos llegado al consenso por parte de todas las partes de que tenemos que actuar, la polémica se está desplazando al cómo se actúa. Estamos viendo un cambio bastante evidente en el discurso de la oposición, que pasa de cuestionar que hay que aplicar el protocolo a decir ahora que este no funciona porque aunque se aplique no bajan los niveles de contaminantes.

Este cuestionamiento, aparte de irresponsable, porque es de salud de lo que estamos hablando, viene de una comprensión bastante limitada del problema de la contaminación. El protocolo es una actuación de urgencia con medidas que limitan la velocidad, el aparcamiento o la circulación de coches con el objetivo de que dejen de acumularse en la atmósfera madrileña cuando esta no ventila. Y este es el hecho incómodo que tenemos que afrontar. Madrid contamina más de lo que el planeta puede permitirse cada día. Lo que ocurre habitualmente es que esta contaminación se la lleva el viento, si falla el viento, tendremos episodios de alta contaminación.

Así pues, valorar negativamente la aplicación del protocolo para episodios de alta contaminación “porque no reduce la contaminación” no es particularmente riguroso. Para hacer un análisis más serio tendremos que comparar la evolución de los episodios de alta contaminación antes de aplicarse el protocolo con los de ahora, teniendo en cuenta además la variación de los volúmenes de tráfico.

Este es un trabajo que está por hacer, pero los resultados preliminares recogidos en los informes elaborados por Ecologistas en Acción apuntan a que la aplicación del protocolo los hace menos virulentos:

 

Tanto los valores máximos alcanzados como los medios son sensiblemente inferiores, además del número de superaciones.

 

Y mientras tanto, ¿qué hace el PP (y su muleta, Ciudadanos)?

A nivel municipal se dedica a poner palos en las ruedas y a cuestionar actuaciones que ellos no tomaron desde 1999 (año en el que se aprueba la directiva europea para reducir la contaminación en las ciudades) hasta 2015 (fecha en la que felizmente fueron desalojados del gobierno municipal).

A nivel autonómico han aprobado un protocolo para episodios de alta contaminación, que si bien recoge algunos avances propuestos por el Ayuntamiento, no deja de ser un protocolo meramente informativo y con un impacto muy reducido en la circulación ahí donde más se necesita, el nivel autonómico. La Comunidad abdica así de su responsabilidad a la hora de plantear estrategias regionales que permitan reducir los elevados niveles de contaminación y proteger la salud de la población, suponemos que, porque este tipo de imágenes no va con ellos.