Mientras en Madrid la alianza entre políticos y grandes negocios modificaba a su antojo -legal o ilegalmente- el territorio sin atender al interés general, vecinos y vecinas de los barrios han ido generando iniciativas que se convierten en referencias de otro modo de pensar y habitar la ciudad y de construir espacios de comunidad frente a la agresividad del beneficio privado.

[iconheading type=”h1″ style=”fa fa-truck”]RECORRIDO Y HORARIO PREVISTO[/iconheading]

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[li type=”glyphicon-arrow-right”]10.30 Salida de Cuatro Caminos (esquina Raimundo Fernández Villaverde y Artistas)[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]10.40-11.30: Trayecto por paseo de la Dirección, avenida de Asturias, Sinesio Delgado, Cuatro Torres (+1) de la Castellana, Operación Chamartín.[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]11.30 Parada en Huerto comunitario Manoteras, en Hortaleza (calle Roquetas esquina con Cuevas de Almanzora)[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]11.50-12.15 Trayecto por el sureste: la Peineta, Cañada Real, PAU de Los Cerros, Ahijones y Berrocales[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]12.30 Parada en San Fermín: Parque Lineal del Manzanares, Caja Mágica, Albergue de San Fermín.[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]12.50 Trayecto por Villaverde: el Cuartel de Ingenieros y la Nave Torroja-Boetticher (breve parada).[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]13.00 Parada en Colonia Experimental (Villaverde Alto).[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]13.40 Trayecto hasta Campamento (cuarteles y campos de maniobras).[/li]
[li type=”glyphicon-arrow-right”]14.00 Parada en metro ligero Ciudad de la Imagen y recorrido a pie hasta Colonia Jardín-Casa de Campo. Comida y final de trayecto.[/li]
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Cada operación de expolio y abuso, cada despotismo municipal, cada corruptela o cada proceso especulativo o de privatización de la ciudad se encuentra con un tejido social vivo y crítico que planta cara y defiende el derecho a la ciudad, el derecho a construir colectivamente el espacio donde habitar de modo digno y solidario. Colectivos vecinales, profesionales, ecologistas, sociales, que crean con su decidida actuación un marco alternativo desde el que partir para una nueva forma de hacer ciudad, de hacer política, de hacer ciudadanía.

 

El recorrido del autobús está pensado para observar de cerca ese despotismo urbano que genera las enormes desigualdades que caracterizan la ciudad de Madrid, la fractura social, económica y territorial que separa el norte y el sur de nuestra ciudad y las alternativas que, a pesar de todo, construyen un espacio de esperanza, esta sí, real.

 

El inicio es en la glorieta de Cuatro Caminos, en cuyas inmediaciones se culminó el proyecto especulativo que demolió y recalificó la parcela de las antiguas cocheras de Valderribas, la misma amenaza que pesa sobre el valiosísimo edificio de las cocheras de Reina Victoria.

 

Bordeamos el distrito por el oeste para recorrer el paseo de la Dirección, un ejemplo trágicamente novedoso de cesión a un privado de la gestión de planeamiento (¡un plan parcial de reforma interior privatizado!) y que trae de cabeza a los habitantes del barrio. Los cambios de “expectativas de beneficio” del gestor privado –Dragados (ACS) – han forzado diversas modificaciones del plan (y el retraso en la edificación de las viviendas de realojo), que choca con el objetivo vecinal de un plan pensado para el interés general y la rehabilitación del barrio, no para el beneficio y la codicia del adjudicatario. Algo que pone en duda de que el aprovechamiento final sea para sus actuales habitantes, que sufren derribos y obras interminables mientras ven amenazada una zona que podría ser un privilegiado balcón hacia el oeste, pero está convertida en un problema irresoluble.

 

Desde ahí, desembocamos en la avenida de Asturias, cuyo mercadillo dominical es un ejemplo de interacción entre el comercio y el vecindario, una alternativa real a otras formas de concentración comercial abusiva. La avenida de Asturias está formada en buena parte por viviendas afectadas por uno de los casos más contestados de los últimos años: la venta de pisos públicos -en este caso, del IVIMA- a fondos buitre y sus repercusiones sociales sobre el vecindario.

 

El acceso por Sinesio Delgado a las Cuatro Torres de la Castellana es un salto a una ciudad diferente: aquella que sobre los pelotazos urbanísticos y especulativos edifica la desigualdad social de la versión más actualizada del capitalismo salvaje. Una ciudad voraz e implacable que busca extenderse no solo hacia arriba, con la nueva torre aprobada a Villar Mir, sino hacia el otro lado de la Castellana y hacia el norte para formar una ciudad segregada, una ciudad de negocios y financiera, de alto standing, en la llamada Operación Chamartín, adaptada a la medida de las necesidades contables y financieras de su mayor promotor, el BBVA. El Ayuntamiento entrega unos suelos mayoritariamente públicos (Adif, Canal de Isabel II, EMT) al mejor postor y le prepara la alfombra roja del gasto público y las modificaciones de planeamiento necesarias para el negocio. El boom de la construcción redivivo.

 

Pero la codiciada ciudad financiera, la marca de una ciudad que busca su espejo en las grandes metrópolis insostenibles de todo el mundo, da paso a la ciudad realmente habitada. En Hortaleza, cuyos vecinos de la UVA esperan desde hace lustros una solución a sus infraviviendas, el vecindario se organiza para sacar de la nada o de la especulación espacios de convivencia y planes reales para abordar los problemas del distrito. El huerto comunitario de Manoteras es un ejemplo de ello, y es solo una muestra del potente tejido vecinal que está cambiando las cosas en un distrito que nació con un marcado tinte de segregación social y territorial, un distrito residencial para mano de obra barata que se rebela a su destino.

 

Tomar la M-40 para llegar a San Fermín implica pasar por las inmediaciones de varios espacios significativos. Primero por la Peineta, cuyo acceso por metro, la estación Estadio Olímpico, da cuenta del fracaso del proyecto megalómano y desvinculado de la realidad que inició Gallardón y continuó Botella. Buscando una integración en la ciudad, se ha convertido en parte de la operación especulativa Mahou-Calderón y, finalmente, acompañado de su vecino el Parque Acuático, en un sumidero sin sentido de recursos públicos.

 

Más al sur y más al este, la Cañada Real, símbolo del desequilibrio social y del desentendimiento de las administraciones durante décadas que ha dado lugar a una compleja situación. Lindando con la Cañada, los PAU de Los Cerros, Los Ahijones, Los Berrocales y Valdecarros, símbolo del fracaso del Plan General de 1997 y de la apuesta suicida por el crecimiento ilimitado que infló la burbuja inmobiliaria. Cerca de 100.000 viviendas previstas en la llamada Estrategia del Sureste que nunca llegaron a levantarse, aunque el territorio sí ha sufrido la herida del comienzo de las obras de urbanización, truncadas por el colapso inmobiliario y por la anulación del Plan de 1997 que desprotegía indebidamente los suelos que protegía el Plan de 1985. Ahora queda resolver este desastre y decidir colectivamente qué hacer con estos paisajes, devastados unos y aún valiosos otros.

 

Aún más al sur, el incompleto Parque Lineal del Manzanares se presenta con luces y con sombras. Solo parcialmente intervenido, inacabado en su idea original y discutido no tanto por lo que es, sino por lo que representa de oportunidad perdida y “obra sobre plano”, decente a la vista pero poco relacionada con las necesidades de su entorno inmediato. Es el acceso más amable al barrio de San Fermín, un islote tradicionalmente abandonado por la administración cuyo desarrollo y mejoras debe más a su comprometido tejido vecinal que a la voluntad política. En él conviven, frente a frente, el Albergue de San Fermín (un proyecto comunitario gestionado por los vecinos, que lo obtuvieron del Ayuntamiento tras años de luchas y denuncias por el abandono del barrio y de su vecindario) y la Caja Mágica, uno de los ejemplos más tristes de un urbanismo banal y depredador de recursos públicos y fallido, puesto que no es capaz de entrar en relación con su entorno ni es capaz, siquiera, de convertirse en un proyecto rentable. Las dos caras de San Fermín, el vecindario tradicionalmente empobrecido -marcado por desahucios y ventas de pisos de la EMVS a fondos buuitre- y el nuevo vecindario atraído por los procesos de nueva urbanización, conviven en la incomprensión de la costosa infraestructura que les vuelve la espalda y les niega su uso.

 

En Villaverde, años de luchas vecinales, como el Movimiento por la Dignidad del Sur, han conseguido compromisos e inversiones en los barrios del distrito desde la administración local y autonómica. Pero esos compromisos se han traducido, demasiado frecuentemente, en incumplimientos por parte de las administraciones. Una trayectoria de abandonos y olvidos de las necesidades del distrito: de estar incluido en la ciudad de Madrid, de la que forma parte, de atención a las múltiples necesidades y déficits que tienen sus vecinos, y que ya se arrastraban antes del empobrecimiento de la crisis actual. La exclusión de los procesos urbanos, la segregación territorial y la concentración de problemas sociales son mucho más que una sensación, son un hecho objetivo, tal como muestran diferentes indicadores socioeconómicos, muy por debajo de la media de la ciudad.

 

El incumplimiento más reciente es la operación que afecta a las parcelas del Cuartel de Ingenieros, cuya salida al mercado libre pasa por encima incluso de las propias condiciones de venta acordadas por su anterior propietario, el Ministerio de Defensa.

 

La Nave Torroja-Boetticher, parcialmente rehabilitada, ha sido reiteradamente objeto de inauguraciones desde el año 2007. El proyecto de “catedral de las nuevas tecnologías” está varado porque el objetivo “regenerador” del edificio pasa por su entrega a un mercado que no manifiesta, hasta hoy, mayor interés por la ganga, un interés que sí tienen los vecinos y vecinas, con quienes, por el contrario, no se ha contado para pensar y decidir el uso de este edificio histórico.

 

Las amenazas sobre este vecindario abandonado por la administración se expresan particularmente en el caso de la Colonia Experimental, donde tanto Comunidad de Madrid, que estafó a sus inquilinos, como Ayuntamiento, que hace oídos sordos, incumplen las obligaciones de rehabilitar unas viviendas en estado crítico donde habita un millar de personas.

 

Tomando la A-5 desde la M-40 comenzamos a divisar los antiguos cuarteles de Campamento, que, junto a los antiguos campos de maniobras, forman la mayor extensión de suelo público del municipio. Unos suelos incluidos en la Operación Campamento, en los que en lugar de responder a las necesidades largamente reivindicadas por las vecinas (construir un hospital, equipamientos para mayores, escuelas infantiles, vivienda pública en alquiler), se prevé la construcción de hasta 22.000 viviendas. El pinchazo de la burbuja en 2007 y los reveses judiciales hundieron las expectativas de negocio, que ahora tratan de reavivarse al calor del interés del magnate chino Wang Jianlin en desarrollar la operación, negociando en secreto la compra de los terrenos públicos (previsiblemente a bajo precio), y reorientando la operación hacia la vivienda de lujo y el ocio, con las demagógicas promesas de empleos. Por ejemplo, la propuesta estrella del parque acuático apenas crearía 200 precarios empleos, frente a los 2.400 que se crearían con la creación de un hospital de mediano tamaño.

 

La alternativa vecinal y ecologista es clara: reformular la Operación a partir del debate público y la participación ciudadana, sin oscurantismo ni pelotazos. Un Corredor Ecológico a salvo de la urbanización en los campos de maniobras (ya protegidos en 1985 y desprotegidos indebidamente en 1997 como ha señalado el Tribunal Supremo en varias sentencias), y la zona de los cuarteles destinada a los usos de interés social que llevan décadas reclamándose.